Los dedos ya no me alcanzan para contar los días que han transcurrido desde el episodio del primer rumor; no logro caminar tranquilo sin sentir la zozobra y la intranquilidad que los culpables sienten luego de cometer un delito; aunque en este caso, sea yo el culpable de ninguno.
He perdido las ganas de esforzarme intentando contar las historias como cuando se melodramatizan por flojas o poco interesantes. Es por eso que he querido hoy mostrar con letras, palabras y oraciones apesadumbradas sacadas de las tripas, lo que en una tierra de machos y hembras machistas, le toca vivir a un hombre que conversa, camina y de vez en cuando fornica con otros hombres.
He perdido las ganas de esforzarme intentando contar las historias como cuando se melodramatizan por flojas o poco interesantes. Es por eso que he querido hoy mostrar con letras, palabras y oraciones apesadumbradas sacadas de las tripas, lo que en una tierra de machos y hembras machistas, le toca vivir a un hombre que conversa, camina y de vez en cuando fornica con otros hombres.

Existen infinidades de razones por las cuales personas como nosotros querrían quejarse de algo que en la cotidianidad de su comunidad vieran o vivieran. Debemos admitir que nuestro sentido “crítico” de ver la vida, nos ha significado convertirnos paulatinamente en sujetos inconformes y en algunos casos conflictivos ante algunas circunstancias; pero como dicen por allí…
